|
De acuerdo a la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), la epidemia se ha manifestado en
el mundo del trabajo, ya que aproximadamente el 85% de los casos
afecta a la población económicamente activa, comprendida
entre los 15 y los 49 años de edad.
Honduras es el país de Centroamérica con el mayor
número de casos de sida. Se estima que, en la actualidad,
de 66 mil a 100 mil personas padecen la enfermedad, aunque oficialmente,
hasta marzo del presente año, se reportan 20,624 afectados,
pero existe un fuerte subregistro de casos.
El 53% por ciento de los casos de VIH-sida se produce en el sector
de los servicios, en contraste con un 49 por ciento de la fuerza
laboral que representa dicho sector, indica el diagnóstico
Identificación de Fuentes de Discriminación y Exclusión
Laboral por VIH-sida en Honduras, presentado este año a la
empresa privada hondureña por el ONUSIDA.
De ese 53% por ciento de casos de sida en el sector servicios,
los más afectados fueron: las mujeres trabajadoras comerciales
del sexo, 17.7%; empresas de seguridad y vigilantes, 8.9%; profesionales
de distintas áreas (médicos enfermeras, peritos mercantiles,
ingenieros, odontólogos), 6.6%; empleados de hoteles, 3.6%;
obreros (as) de empresas de aseo, 2.7% y empleados de empresas del
sistema financiero, 2%.
El sector comercial acumuló el 21% de casos de sida, en
contraste con el 24% que representa la fuerza laboral. Entre los
afectados están los comerciantes con importantes capitales
dedicados al comercio local e internacional.
En el sector industrial, se registró un 20.6% de los casos
de sida, en contraste con un 14% que representa la fuerza laboral.
Dentro de las empresas afectadas se encuentran: maquilas con el
14.5%; metal mecánica con el 3.5%; la construcción
con el 1.8% y la industria maderera con el 0.8%.
El sector agrícola registró el 5.1% de los casos,
en contraste con el 13% que representa de la fuerza laboral. Aquí
fueron afectados por igual magnitud pequeños productores
independientes y empresas exportadoras de frutas y otros.
LAS PÉRDIDAS
Se estima que, en el año 2001, Honduras tuvo una pérdida
de productividad del orden de los 320 millones de lempiras.
Los costos en tratamientos también son elevados. El costo
anual del tratamiento antirretroviral es de 690 dólares (unos
12,275 lempiras) por cada caso de sida, 27 veces el gasto per cápita
de salud. Además, Honduras gastó 370.1 millones de
lempiras en ITS/VIH-sida durante el año 2000.
El impacto económico será mayor si no se toman medidas
y no sólo por el hecho de que la persona que trabajaba ya
no puede laborar, sino además por los gastos que tendrá
esa familia para atender a la persona enferma, siendo doble el impacto.
Se trata de gente joven que trabaja y que mantiene a su familia
y que de repente se enferma, ya no puede llevar dinero a la casa,
explicó la doctora Elsa Palau, de la sala de Infectología
del Instituto Nacional del Tórax, después de su ronda
diaria de visita a sus pacientes.
El sida es un problema de la adolescencia, de los jóvenes
y adultos jóvenes. Para el caso, en algunos lugares de Tegucigalpa,
las prevalencias de VIH-sida andan cerca del dos por ciento en población
mayor de 15 años y, en caso del Valle de Sula, van del tres
al cuatro por ciento, dijo Manuel Sierra, de Visión Mundial.
El sector económicamente activo del país está
seriamente afectado y muchas veces eso se ve enmascarado en el caso
del Valle de Sula porque el desempleo o subempleo es tan alto.
DISCRIMINACIÓN
Uno de los grandes problemas que todavía afrontan los enfermos
de sida es el estigma y la discriminación. Muchos han sido
despedidos o relegados en las empresas donde laboran, pese a que
existe la Ley Especial del VIH-sida, que los protege.
Aproximadamente un 76% de las empresas del sector formal y un 84%
del informal no conocen esta ley y no han escuchado hablar de ella,
como consecuencia lógica, no la aplican.
El estigma de la discriminación es alto, dijo Manuel Sierra,
quien recordó cómo algunas personas que ellos apoyan
dicen que nunca dirían a la gente que son portadoras del
virus, porque serían discriminadas.
Un taller de consulta realizado en Tegucigalpa, en agosto de 2003,
encontró que los trabajadores son objeto de una serie de
violaciones a sus derechos por ser VIH positivos.
Para el caso, sufren despidos, reposo obligatorio y otras situaciones,
marginamiento en los centros de trabajo, negación de ascensos,
falta de consejería (pre y posprueba), falta de atención
médica-social, despidos indirectos, violación a la
confidencialidad al conocer el resultado de VIH, negación
de atención médica en centros privados que tienen
relación con los empleadores, falta de privacidad para la
consejería (donde hay), negación de permisos para
asistencia médica o familiares, entre muchos aspectos más.
Por su lado, aún cuando el derecho a revelar el estado serológico
es potestad de cada persona, lo mismo que el derecho a la intimidad
personal, éstos son violentados aproximadamente por dos de
cada 10 empresas del sector formal, especialmente por las del sector
de la industria de la producción y por las empresas de servicios,
indica el citado estudio.
LAS VIOLACIONES
Desde el inicio de la epidemia, la violación a los derechos
humanos en los sitios de trabajo ha sido una constante.
Se ha violado el derecho de privacidad, intimidad y dignidad personal,
ya que aún persiste, como práctica “permitida” del
comportamiento patronal, solicitar la prueba de VIH-sida a sus trabajadores,
bien sea a través de la coacción o la persuasión
voluntaria, con el fin de poder optar a un empleo o para permanecer
en él. El derecho a revelar el estado serológico es
potestad de cada persona.
JOSÉ YA NO PUEDE TRABAJAR
Pese a que tiene 26 años, José (nombre ficticio para
proteger su identidad) ya no puede trabajar. La semana pasada ingresó
al Instituto Nacional del Tórax de Tegucigalpa, con diagnóstico
positivo por VIH.
Venía procedente de Siguatepeque, pero estuvo interno hace
unos 15 días en el hospital de La Esperanza, cuenta su madre,
quien permanecía al pie de la cama cuidándole.
Esta mujer dijo que cuidaría con devoción a su hijo
y pidió que no se identificara ni a ella ni al muchacho,
debido a que podría ser objeto de discriminación y
entonces nadie volvería a darle empleo.
Desde los 13 años, José se dedicó a hacer
mosaicos, “como le pagaban poco, buscó trabajo en Marcala”,
dijo su madre, casi sollozando por la tristeza de ver a su hijo
enfermo en el hospital.
En Marcala se sentía mal, comentó, le dolía
la cabeza, padecía de calentura y de dolor en los pies, los
patronos lo llevaban al hospital, pero cuando le hacían el
examen le salía falso, dijo.
En Comayagua sólo citas y citas le daban, se quejó
la madre, pero en el hospital de La Esperanza le hicieron la prueba
y lo remitieron para acá, indicó.
El joven es casado y tiene un niño de dos años, quien,
según su abuela, no es portador del virus; sin embargo, se
está a la espera de hacerle los exámenes a la esposa
del joven, ya que se presume que ella sí es positiva por
el VIH.
|