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Recientemente realizamos una encuesta sobre salud entre mujeres
de diferentes espacios, para saber con qué frecuencia vamos
al ginecólogo, cuánto sabemos sobre VIH, cuánto
sobre prevención y sexo seguro, etc.
Para sorpresa nuestra, la mayoría de nosotras, si es que
vemos al ginecólogo, lo que ya de por sí resulto ser
casi un milagro, no habla con el/la profesional que las atiende
sobre su sexualidad. ¿¿Motivos?? “No es necesario
que sepa que me acuesto con mujeres” o “no lo considero importante”
o, directamente, “no hace falta que sepa lo que hago con mi sexualidad”.
Si revisamos la historia de la medicina, vemos que poco se sabe
de la salud de las lesbianas. Muchas pensarán que, en definitiva,
la salud de una mujer que se acuesta con mujeres, es la salud de
una mujer que solo se diferencia de las demás en relación
a la compañía que elige en su cama, y desde esa óptica,
es válido creer que no hay diferencias entre la salud de
una lesbiana y la de cualquier mujer heterosexual. Sin embargo,
si miramos a través de lo superficial, vemos que en realidad
hay más de una razón por la que vale la pena marcar
la diferencia.
Primero, y principal, es importante que nuestro ginecólogo/a
sepa acerca de nuestra sexualidad porque como, lamentablemente,
asumen que somos heterosexuales, la información que puedan
darnos respecto de cómo cuidarnos de algunas enfermedades
de transmisión sexual no será nunca lo suficientemente
efectiva ya que los mecanismos de prevención no se ajustarán
a nuestras prácticas sexuales.
Por otro lado, los ginecólog@s no están acostumbrados
a enfrentarse a mujeres que eligen tener sexo con otras mujeres
y, aún hoy, muchos descartan la posibilidad de un VIH por
ejemplo, solo porque lo consideran imposible si la paciente no usa
drogas o no tiene sexo con hombres. Si nos preguntamos por qué
los médicos no nos tienen en cuenta, podemos repartir culpas.
En primer lugar, y en el caso del VIH principalmente, no existen
evidencias de casos reportados al Sistema de Vigilancia Epidemiológica
que se imputen a la transmisión por via sexual del VIH a
las relaciones sexuales entre mujeres, lo que no quiere decir por
supuesto que no existan, sino que no hay registro de ello (otra
forma de invisibilizarnos). En segundo lugar, como parte de su formación
clínica los medicos deberían aprender sobre nuestras
practicas sexuales, e incluirnos, por ejemplo, en los protocolos
de historias clínicas que manejan, donde ser lesbiana no
es siquiera una opción. Por ultimo, es válido también
hacer un análisis de nuestra conducta, replantearnos el silencio
en el que nos escondemos y hacernos cargo de la parte que nos toca,
ya que la mayoría de nosotras no concurre al consultorio
ginecólogico, o lo hace sólo ante la presencia de
síntomas que obligan a la consulta y aun así, de las
que concurren, quedo claro que la mayoría no son sinceras
en cuanto a su sexualidad.
Acá en la Argentina, como en muchos otros países,
no hay estadísticas que hablen de las enfermedades más
frecuentes en mujeres que tienen sexo con mujeres. Esto nos perjudica,
ya que es muy difícil, y queda sólo en manos de organizaciones
de mujeres, el hacer campañas de prevención o generar
la conciencia adecuada sobre algo de lo que poco se conoce. En lugares
donde la sexualidad se vive más libremente, se sabe que hay
patologías más frecuentes entre lesbianas como ser
el herpes genital, el HPV o el cáncer de mama. En estos lugares,
como las relaciones entre mujeres no quedan ocultas a los ojos de
l@s profesionales de la salud, éstos están capacita@s
para responder cualquier pregunta sobre prevención y transmisión
de enfermedades como el VIH o cualquier ITS (infección de
transmisión sexual).
La invisibilidad en la que nos sumergimos es gravísima, tanto
más si tenemos en cuenta que estamos hablando de enfermedades
que van en aumento. La incidencia del cáncer de mama, dos
veces más frecuente en lesbianas que en heterosexuales, ya
que en general no tenemos hijos o los tenemos más tardíamente,
ha aumentado en forma alarmante en los últimos años.
El HPV y el Herpes genital, dos ITSs muy comunes en relaciones entre
mujeres ya que el contacto sexual implica muchas veces el roce directo
con las lesiones, también han aumentado su incidencia en
forma notable, pese a todas las publicidades y campañas sobre
la importancia del sexo seguro, surgidas a partir de la problemática
del VIH. Desde este lugar entonces, resulta claro que la visibilidad
pasa a ser más una necesidad que un lujo, ya que sólo
expresándonos y dejándonos ver, vamos a lograr que
nos tomen en cuenta. No olvidemos que es un/a profesional de la
salud quien está delante nuestro y que es nuestra salud la
que está en juego. Sólo cuando decidamos encarar nuestra
sexualidad con adultez, sin miedos y sin prejuicios, vamos a lograr
ser respetadas.
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