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Si bien los adolescentes,
comparados con sus padres, saben menos sobre las vías de
transmisión del VIH y los modos de protegerse del virus,
adoptaron, en mayor proporción que ellos, el uso habitual
del preservativo. Pero hay una trampa: esta conducta, que los coloca
en una situación de menor riesgo frente al sida, responde
más a evitar posibles embarazos que a la prevención.
Con una "pareja estable" reemplazan el condón por
la píldora y adiós protección.
Todo un dato para la sociedad y los estrategas de campañas,
que se complejiza si se añade que en las conductas de autocuidado
de los jóvenes tienen más cabida las creencias de
sus pares que todo el peso de la información.
El hallazgo es uno de los resultados del estudio "Información
y conductas sexuales de los adolescentes argentinos y el riesgo
de transmisión del VIH" que encaró un equipo
de sociólogos del instituto Gino Germani sobre 4.000 entrevistados,
entre los 15 y los 59 años, de todo el país y de todos
los niveles socioeconómicos. El sondeo —que dirigió
Ana Lía Kornblit, secundada por Ana María Mendes Diz
y Pablo Di Leo— se hizo a fines de 2003 y en 2004 fue premiado en
el V Congreso de Salud Integral del Adolescente que organizó
la Sociedad Argentina de Pediatría.
El corazón de la investigación son las conductas
de 673 adolescentes de 15 a 19 años. Entre ellos, algo menos
de la mitad (el 43%) maneja un nivel "entre bajo y nulo"
de información sobre el VIH/sida —por ejemplo, sobre formas
de transmisión y modos de protegerse— que contrasta con el
32% de los adultos. El tema es clave: según estimaciones
del Ministerio de Salud de la Nación, las 120.000 personas
que viven con VIH/sida en el país se infectaron, en general,
siendo adolescentes o adultos jóvenes (ver Las cifras).
Cuando el estudio del Gino Germani hace foco en el interior de
la franja adolescente, se observa una constante que se repetirá
con otras variables: los varones saben menos que las chicas (el
48% de ellos maneja "nula o baja" información contra
el 39% las mujeres) igual que los jóvenes de nivel social
y de instrucción más bajos saben menos sus pares que
tuvieron más oportunidades. En números, el 72% de
quienes no lograron pasar de la escuela primaria tiene muy poca
o ninguna información sobre el virus.
En cuanto a las formas de transmisión del VIH, un abrumador
94% ubica a las relaciones sexuales en el primer puesto de la lista
y el 76% asegura haber usado preservativo en su primera experiencia
contra el 40% de los adultos. Se dirá que aquellos no eran
los años del sida y es verdad. Pero hay más.
"En las generaciones anteriores —explica Ana María
Mendes Diz— el preservativo estaba visto como un mal anticonceptivo.
Los médicos lo desaconsejaban frente a las pastillas, consideradas
mucho más seguras. Esa es la imagen que tienen los adultos
hasta hoy. Y si no es seguro para una cosa no es seguro para otra,
entonces ¿para qué lo van a usar? Por suerte esta
idea no está llegando a los chicos, que es lo peor que nos
podía haber ocurrido".
De ahí que consultados sobre la frecuencia del uso del preservativo
en el último año —esta vez las dos generaciones en
plena era del sida—, las diferencias de conducta se mantienen: en
el caso de una pareja estable, el 47% de los adolescentes dijo usarlo
"todas las veces" frente al 21% de los adultos y si se
trata de relaciones ocasionales, son el 71% y el 55% respectivamente.
Pero a no cantar victoria. "Los adolescentes —explica Pablo
Di Leo— están incorporando el preservativo como hábito
pero con un gran desconocimiento de sus implicancias en la prevención.
Esto lleva a que su uso no sea sistemático lo que puede terminar
manteniendo la vulnerabilidad de los jóvenes".
Según el estudio, los motivos por los que no adoptan conductas
preventivas en el sexo difieren si las relaciones son estables u
ocasionales. En el caso de las primeras, dice Mendes Diz, el tema
del sida no está instalado y el único riesgo que aparece
en ese escenario es el del embarazo. "Aquí hay que apuntar
cuando se hace prevención —agrega—. Porque mientras hay quienes
se cuidan del embarazo usando el preservativo, muchos otros se cambian
del preservativo a la pastilla. Además, es entonces cuando
aparece uno de los grandes mitos que tienen sobre el tema: que la
pareja estable es sana y va a ser fiel".
Con las relaciones ocasionales, en cambio, si bien el uso del preservativo
está menos puesto en tela de juicio, la justificación
para desecharlo tiene que ver con una postura que implica la negación
del riesgo, más frecuente en los varones, que suelen argumentar
"no me gusta usarlo", "quita placer" o "no
lo tenía presente".
De todas formas, mayor información no implica muchas veces
mayor cuidado. El conocimiento, dicen los especialistas, es una
condición necesaria pero no suficiente para motivar las conductas
de autocuidado.
"Los jóvenes —dice Mendes Diz— actúan más
por lo que creen que por lo que saben. Y este es todo un tema de
debate en la psicología social". Si, por ejemplo, creen
que sus amigos —sobre todo sus referentes, sus líderes— usan
preservativos los usarán también porque entonces debe
ser bueno, porque no debe restar placer, ni quebrar climas, ni ser
antinatural.
"Por eso en educación sexual —sostiene la socióloga—,
junto con la información hay que trabajar más sobre
los valores, las creencias, los sentimientos y los afectos. Y, fundamentalmente,
apuntar a los pares. Que sean ellos quienes transmitan las conductas
saludables que esperamos que tengan nuestros jóvenes."
Contagios
Si bien el diagnóstico se realiza tardíamente (entre
los 25 y 34 años), se estima que la mayoría de las
personas con VIH/sida se infectaron siendo adolescentes o adultos
jóvenes (entre los 13 y 24 años).
Según estadísticas del Ministerio de Salud, en los
jóvenes con sida, la mayor vía de transmisión
fue la sanguínea por drogas inyectables (51,8%), seguido
por la vía sexual en heterosexuales (30,1%) y en homosexuales
(11,5%).
De los diagnosticados con VIH, el 59% es por transmisión
sexual en heterosexuales y 15,4% en homosexuales, y el 15% por vía
sanguínea con drogas inyectables.
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