Hasta ahora, se creía que se contagiaba con el uso
de jeringas, pero un estudio demuestra que también
ingresa por vía nasal
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Uno de cada cinco usuarios de sustancias inhalantes tiene
alguna enfermedad de transmisión sexual
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Es necesario
que se acentúe la prevención |
Desde el comienzo de la epidemia de sida se ha señalado
al uso de drogas inyectables como uno de los principales factores
de riesgo para el contagio del HIV.
Ahora, una investigación del Centro Nacional de Referencia
en Sida (CNRS), realizado en colaboración con organizaciones
no gubernamentales dedicadas al estudio de las adicciones, revela
que inhalar cocaína también aumenta el riesgo de contraer
enfermedades de transmisión sexual.
"Este es el primer estudio realizado en nuestra población
que demuestra la existencia de infecciones múltiples en usuarios
de cocaína inhalada -dijo a LA NACION la doctora Mercedes
Weissenbacher, investigadora superior del Conicet y del CNRS-. En
la Argentina, según nuestra investigación, una
de cada cinco personas que inhalan cocaína está
infectada con el HIV, el virus de la hepatitis B, el de la hepatitis
C o el de la sífilis."
En lo que respecta al HIV, la tasa de infección entre los
usuarios de cocaína en forma inhalable es mucho más
alta que en la población general: 6,7% contra el 0,2%, respectivamente.
"El uso de drogas no inyectables hace más vulnerables
a las personas ante el virus del sida", agregó Weissenbacher.
Y lo mismo puede decirse en relación con las demás
enfermedades de transmisión sexual.
Según la más reciente encuesta de la Subsecretaría
Nacional de Prevención del Uso Indebido de Drogas
(Sedronar), el 1,2% de los argentinos y el 1,7% de los porteños
consumen cocaína. Se estima que en el país hay 600.000
personas que usan drogas ilegales y que al menos 200.000 son consumidores
frecuentes de una o más sustancias.
Pero lo interesante del estudio, del que participaron voluntariamente
más de 500 usuarios de cocaína reclutados
en la ciudad de Buenos Aires, es que no sólo muestra cuáles
son las conductas de riesgo para el HIV asociadas a su consumo (como
compartir el "canuto" para inhalar la droga o la práctica
de sexo inseguro), sino también cuáles son los factores
sociales que elevan aún más ese riesgo y conducen
a la marginalidad: altas tasas de desempleo, elevados porcentajes
de criminalidad y un acceso restringido a los tratamientos de rehabilitación.
"No sólo es la conducta del individuo la que aumenta
su riesgo de contraer la infección por HIV, sino también
su vulnerabilidad social", agregó la doctora Weissenbacher.
Conducta y contexto
Al igual que con las jeringas, compartir
los dispositivos que se emplean para inhalar cocaína
también supone un riesgo de contagio para el HIV y otros
virus que se transmiten a través de la sangre.
"El uso compartido de canutos o pipas para
inhalar clorhidrato de cocaína, crack o pasta base puede
ser un vehículo para la transmisión del virus del
sida, ya que las mucosas de la nariz pueden sangrar", explicó
la licenciada Diana Rossi, investigadora de Intercambios, una de
las organizaciones no gubernamentales que participaron del estudio.
Según la investigación realizada, el "canuto"
(un pequeño tubo utilizado para inhalar la cocaína)
había sido compartido por el 69% de los encuestados, en tanto
la lata (recipiente donde se prepara la pasta base) era compartida
por el 66% de los sujetos que la utilizaban.
Otra conducta de riesgo asociada al consumo de drogas inhalables
es el sexo inseguro. "Bajo el efecto de las
drogas, las relaciones sexuales presentan un riesgo mayor de contagio
del HIV, fundamentalmente por el poco frecuente uso del preservativo
-apuntó la doctora Weissenbacher-. Además, muchas
personas ejercen la prostitución ocasional tanto para obtener
droga como el dinero para comprarla."
Por otra parte, el alcohol fue reportado como la
droga que con más asiduidad consumieron los encuestados:
el 84,7% de los casos. "La legalidad de su consumo -dijeron
las investigadoras- implica una mayor naturalización de su
uso, y es relevante considerar que es la droga que los encuestados
asociaron en mayor medida con efectos desinhibidores en las prácticas
sexuales."
Pero como la especialista señaló anteriormente, no
solamente las conductas del adicto son responsables de ponerlo más
cerca del alcance del virus del sida. Hay una situación que
deriva de su contexto que aumenta esa vulnerabilidad y los vuelve
más débiles aún.
"Menos de la mitad de los encuestados tenía un empleo,
sólo un tercio tenía algún apoyo económico
de su familia y el 13% recibía algún subsidio, como
los planes Jefes y Jefas", enumeró la especialista.
Un dato no menor, agregó, "es que un porcentaje altísimo
(el 60) había estado detenido alguna vez en una comisaría,
mientras que el 16% había estado en prisión. Entre
este grupo, el 39% había sido por causas relacionadas con
el comercio de drogas ilícitas".
Son tasas significativamente altas de criminalidad, sobre todo si
se toma en cuenta que la edad promedio de los encuestados
fue de 28 años.
Acceso restringido
Atrapados en su adicción, no son pocos
los que piensan en escapar de sus garras. "Más del 80%
de los encuestados dijo haber querido dejar la droga, pero sólo
la mitad de ellos intentó alguna vez un tratamiento
formal de rehabilitación -dijo la doctora Weissenbacher-.
Eso puede estar hablando de que en la Argentina hay pocos lugares
donde estas personas pueden recibir tratamiento."
"Eso habla de un acceso restringido a los tratamientos de rehabilitación,
por falta de lugares apropiados -agregó la licenciada Rossi-.
Y eso que el estudio fue realizado en Buenos Aires,
que es donde hay más recursos; si lo hubiéramos hecho
en el interior seguramente hubiéramos encontrado una diferencia
aún mayor entre los que querían dejar la adicción
y quienes lo habían intentado."
Desde el punto de vista del género, fue
más frecuente que las parejas de las mujeres encuestadas
usaran drogas (el 92%), pero en cambio no ocurría lo mismo
a la inversa, donde el porcentaje era del 40. Según el estudio,
las redes de consumidores formadas únicamente por varones
eran más habituales que los grupos mixtos.
Para ambas especialistas, la investigación realizada señala
la necesidad de dirigir los programas de prevención del contagio
del HIV hacia los usuarios de drogas no inyectables, ya que constituyen
una población con alto grado de vulnerabilidad
que a menudo no ha sido tenida lo suficientemente en cuenta a la
hora de analizar la propagación del virus del sida.
"Los programas deben orientarse a los usuarios de cocaína
inhalada o fumada, alentando que no se compartan los elementos
que se usan para consumir la droga, así como también
buscando evitar que estas personas pasen al consumo de drogas inyectables
-se puede leer en las conclusiones del estudio-. También
se debe alentar el uso del preservativo, una recomendación
que es válida para toda la población. |
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