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"La epidemia de sida sigue creciendo",
dijo ayer Laurent Zessler, coordinador de Onusida para el Cono Sur,
durante la presentación del informe "Situación
de la epidemia de sida 2004", que se realizó en Buenos
Aires, al mismo tiempo que en otras diez ciudades capitales del
planeta.
En nuestro país se calcula en 130.000 el número de
infectados, pero al menos el 65% de ellos desconoce su condición.
Según cifras oficiales, suman 29.500 -unos 4500 más
que el año último- los pacientes cubiertos por el
Programa Nacional de Lucha contra el Sida, y en el 80% de los casos
la infección se difunde por vía heterosexual.
La tendencia general, sin embargo, no hace más que reflejar
en nuestro país lo que pasa en la mayor parte del planeta:
la infección se disemina cada vez más, aunque baja
la mortalidad por el acceso a mejores tratamientos. En la actualidad,
la epidemia alcanza a 39,4 millones de personas en todo el mundo
y en lo que va del año causó la muerte de otros 3,1
millones.
El último registro, correspondiente a 2004, habla de 4,9
millones de nuevos infectados; lo que supone 1,8 millones más
que el número anual de defunciones por HIV/sida. De ahí
el crecimiento de la epidemia.
Las mujeres son las más perjudicadas: "En todo el mundo,
algo menos de la mitad de todas las personas que conviven con el
HIV son mujeres", señala el informe elaborado por Onusida,
la agencia de las Naciones Unidos de lucha contra el HIV/sida.
La diseminación cada vez más pronunciada del virus
entre las mujeres no sólo se explica por el hecho de que
en una relación sexual heterosexual sin preservativo ella
tiene dos veces más riesgo de contraer la infección
que el varón. "Para muchas mujeres de países
en desarrollo, la estrategia preventiva ABC (abstinencia, mantener
fidelidad a una sola pareja o reducir el número de parejas
sexuales, y uso del preservativo) es insuficiente", agrega
el citado informe.
"Se necesitan en forma urgente estrategias que aborden las
desigualdades por razón de sexo", completa el trabajo,
y agrega: "En un estudio realizado en Zambia, por ejemplo,
sólo el 11% de las mujeres creía que tenía
derecho a pedirle a su esposo que utilizara preservativo, aún
cuando éste hubiera evidenciado que era infiel y HIV positivo".
"Tenemos un problema de desigualdad en el acceso (a la prevención
y al tratamiento) del HIV/sida -dijo Zessler, en Buenos Aires-.
Muchas mujeres no tienen conocimiento de su situación o encuentran
dificultades para acceder a los tratamientos."
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