| El semen de uno de
cada tres hombres sexualmente activos en América latina está
infectado con la bacteria de transmisión sexual más
prevalente en el mundo: la Chlamydia trachomatis,
que eleva a casi el 60% las probabilidades de que la mujer sufra
abortos espontáneos.
"Esta prevalencia es muy elevada, porque la mayoría
de las veces la clamidia se presenta de forma asintomática
o con síntomas leves que pasan desapercibidos para quien
la padece", señala a LA NACION el doctor Gustavo Gonzales,
vicedecano de la Facultad de Ciencias y Filosofía de la Universidad
Peruana Cayetano Heredia, en Perú, y autor principal de una
revisión sobre el impacto de la infección en los varones
latinoamericanos en la que participó un equipo argentino.
Según la Organización Mundial de la Salud, cada año
se diagnostican unos 92 millones de casos de clamidia, con una incidencia
mayor en los países en vías de desarrollo.
"La problemática latinoamericana es diferente a la
de los países desarrollados: la promiscuidad, la falta de
hábito en el uso del preservativo y hasta la falta de una
adecuada higiene hacen que las infecciones de transmisión
sexual sean mucho más frecuentes", afirma la inmunóloga
Alicia Mazzolli, ex investigadora del Conicet y asesora científica
del Centro Inmunológico de Esterilidad y Reproducción
(Ciser).
Mazzolli y la doctora Graciela Kortebani, inmunóloga del
Hospital Durand y directora del Ciser, representaron a la Argentina
en este trabajo multicéntrico, en el que participaron investigadores
de Chile, Venezuela, Colombia, México y Alemania.
La falta de síntomas en el 50% de los casos
hace que la infección pase inadvertida y no se tomen los
cuidados necesarios para prevenir su contagio. En las mujeres, la
ausencia de síntomas se eleva al 70 u 80% de los casos.
Las señales más comunes que da la clamidia son ardor
o molestias durante la relación sexual. También, al
pararse después de estar mucho tiempo sentado, el hombre
puede tener una sensación de pesadez a la altura del suelo
pelviano (periné).
"El avance de la infección puede producir esterilidad
y abortos -indica Mazzolli-. Las parejas deben saber que
no se pierden embarazos por mala suerte, por lo que se debe hacer
un diagnóstico, en especial del sistema inmunológico,
que suele rechazar el embarazo cuando hay una infección."
Los abortos suelen ocurrir en el período de anidación,
es decir, en los primeros tres meses de gestación. Se estima
que alrededor de la mitad de los embarazos se pierden de manera
espontánea y en etapa temprana.
Cuestión de pareja
Para contrarrestar las consecuencias de la clamidia, el tratamiento
de la infección debe ser considerado una cuestión
de la pareja y no sólo de uno de ellos. Según los
investigadores, basta con que uno de los dos esté infectado
para que las probabilidades de que la mujer tenga abortos espontáneos
alcancen el 59,4 por ciento.
"El problema es para ambos -afirma el doctor Gonzales-. El
tratamiento debe darse a la pareja, pues si se detecta y se trata
sólo en el hombre, la mujer actúa como reservorio.
Entonces, cuando el varón deja el tratamiento, se vuelve
a infectar de su pareja. Y si se detecta en la mujer y se trata
sólo a ella, cuando termine el tratamiento se volverá
a infectar de su pareja."
"Muchas veces se lo detecta en el semen, pero no en el moco
cervical de la mujer", agrega Kortebani.
El tratamiento tiene dos pilares: los antibióticos
y el cuidado con preservativos hasta que finalice el tratamiento.
También, pesa la actitud del especialista: "Hay que
ir a buscar la infección -insiste Mazzolli-. Si uno no la
encuentra en el cultivo del moco, no hay que conformarse, sino comenzar
a indagar en los anticuerpos, porque puede no darse en el cuello
del útero, sino también en el peritoneo, en el endometrio
o en las trompas."
En el espermograma, según las inmunólogas del Ciser,
hay parámetros indirectos a través de los cuales un
lector experimentado de muestras puede reconocer la presencia de
la bacteria. Entre ellos, el pH alcalino, un aumento en la viscosidad
o una mayor cantidad de células redondas del semen, que aparecen
aunque no haya síntomas y aunque el resultado del estudio
sea negativo. Se estima que entre el 60 y 70% de los cultivos con
resultado negativo son falsos negativos.
"La clamidia nos interesa por varias razones: es asintomática
en alto porcentaje, los espermogramas pueden dar un falso negativo
y es una bacteria abortadora", sintetiza Mazzolli, miembro
de la Sociedad Argentina de Inmunología y de las sociedades
estadounidenses de Inmunología en Reproducción y de
Fertilidad y Esterilidad.
De no tratar la infección y si el embarazo
llega a término, aquélla alcanzará al bebé,
que la contrae en el momento del parto. Entre el 25 y el 50% de
los casos, los recién nacidos desarrollan conjuntivitis,
mientras que entre el 10 y el 20%, neumonía.
Los resultados del trabajo, publicados en la revista Andrologia,
son un llamado de atención sobre el factor masculino
en la infertilidad de la pareja. "Se suele asumir
que la que pierde los embarazos es la mujer porque el hombre ya
embarazó -dice la doctora Mazzolli-. Sin embargo, si bien
ella es la que finalmente muestra la pérdida, no necesariamente
es la causa." |